domingo, 14 de junio de 2009

Mujeres al borde de un ataque de nervios

Bastaron algunas horas en el recinto y "Los Charros de Lumaco" convulsionaron a las 65 reclusas que se encuentran cumpliendo condena en la penitenciaría femenina. Durante ese lapso, las internas dejaron de lado su cruda realidad y se sintieron libres por un momento, en el primer evento de estas características en un centro de reclusión maulino


Por Diego Villar Salas

FOTOS: Francisco Cárcamo



“¡Felipe!, te daría un hijo”, grita enfervorizada una de las 65 reclusas que se encuentran cumpliendo o esperando ser condenadas al interior del Centro Penitenciario Femenino de Talca. El blanco y razón de la frase es nada más y nada menos que uno de los integrantes de la popular agrupación de rancheras “Los Charros de Lumaco”, banda que bastó que estuviera algunas horas en el recinto para revolucionar el penal, gracias a su actuación en vivo, hecho inédito en una cárcel de la Región del Maule.
Gestiones iniciadas por las propias funcionarias y apoyadas por la jefatura del recinto, facilitaron la actuación de la conocida banda, que incluso ha realizado su show ante 200 mil personas en festivales como el de la Pampilla. La actuación que fue manejada con total hermetismo para que fuera una sorpresa para las internas.
El arribo del popular grupo de rancheras no sólo era esperado por las reclusas del penal, sino que también por las gendarmes. Incluso, una vez que tuvieron contacto directamente con la banda, a más de alguna se le escapó un piropo.
La recepción fue una comida junto a las autoridades, dentro de las que destacaban el magistrado, Jorge Ulloa, y el seremi de Justicia, Daniel Vergara, más el alto mando del recinto. Posteriormente, una sesión de fotos con los funcionarios del recinto, que a ratos parecían incluso más entusiasmados que las reclusas, hasta que la hora de prepararse para la actuación llegó.


EL RITO
Los seis integrantes de la agrupación se trasladan hacia la van en la que se movilizan por todo Chile y cada uno de ellos vuelve a ingresar al recinto junto a una maleta, que en su interior lleva los llamativos trajes que usan en cada una de sus actuaciones. Se visten en una de las habitaciones ante la atenta vigilancia de las guardias, las que incluso bromean con ellos acerca de si necesitan algún tipo de ayuda con el vestuario.
Pasan unos 10 minutos y la famosa agrupación irrumpe entre una decena de gendarmes. Impecablemente vestidos (traje negro que en su chaqueta lleva el nombre de la banda, camisa amarilla, sombrero negro y botas blancas) no se les escapa ningún detalle y actúan con total normalidad, ya acostumbrados al asedio de la gente, aunque también están concientes de que se encontrarán con un público totalmente distinto.

Y COMIENZA EL SHOW…
Después de la fotografía junto a las autoridades y los funcionarios que servirá para inmortalizar la visita de “Los Charros de Lumaco” a la cárcel de mujeres, llegó el gran momento y se deciden a subir al escenario creado especialmente para ellos, ante el griterío ensordecedor de las 65 reclusas, pero que valen por las 200 mil de La Pampilla. Saltan y se encaraman a las vallas papales que se dispusieron para que no se abalanzarán sobre el grupo, el que se muestra sorprendido por la calurosa recepción de las internas.
Después de las palabras de agradecimiento y el llamado a comportarse por parte de la capitán Kenny Núñez, jefa de unidad del Centro Penitenciario Femenino de Talca, comienza el recital. Sorprende como las internas se saben cada una de las canciones que interpreta la banda. Temas como “Ando de borrachera” o “Cómo dejar de amarte” encienden aún más a las reclusas, quienes bailan entre ellas, corean las interpretaciones, aprovechan de fumarse unos “puchos” y dedican piropos a los integrantes oriundos de Lumaco. Felipe es quien se lleva todos los aplausos, todas le juran amor y le dicen “mijito rico”, las más osadas le piden la colita y se enfervorizan cada vez más a medida que avanza el show y él también se deja querer, aunque algo tímido ante la fuerte personalidad de las internas.
A nadie le importan los problemas de amplificación ni mucho menos el que se haya quemado un equipo. Las mujeres sólo se conforman con que los “Charros” canten, quienes finalmente interpretaron una docena de temas e incluso los últimos los terminaron interpretando a “capella”, ya que las reclusas pedían “otra” cada vez que los músicos se retiraban del escenario.
Al final ocurre lo más cómico de la jornada, ya que dos reclusas que estaban junto a las autoridades gracias a que estaban con sus hijos, son autorizadas para subirse al escenario y saludar a sus ídolos, una de ellas no aguantó la emoción y aprovecho la oportunidad para pegarle una agarrón a Felipe, situación que sin lugar a dudas no olvidará tan fácilmente.



“NOS SENTIMOS LIBRES POR UN MOMENTO”
Para la reclusa condenada a una pena de cinco años y un día, Alejandra Álvarez, lo hecho por gendarmería “es bonito porque somos personas que también necesitamos distraernos, así salimos de lo común. Nos olvidamos un poco del encierro y de los problemas que cada una de nosotras tenemos, es un incentivo para tener una buena conducta. Además, nos sentimos libres por un momento”.
Mientras que para la interna Miriam Clavería, quien cumple la misma condena que Álvarez, eventos de este tipo “son positivos porque no tenemos entretenciones y es poca la gente que viene a vernos. Así nos sentimos un poco más parte de la sociedad y es un incentivo para mantener el buen comportamiento”.

EL MOMENTO DEL ADIOS
Llegó el momento de las despedidas, se acabó el show y las reclusas deben volver a su realidad, pero con toda seguridad no borrarán este momento por años. Sin duda que la experiencia para los autocatalogados verdaderos “Charros de Lumaco” (tienen una discusión con ex integrantes con los que se pelearon y formaron una banda con un nombre similar y que cantan los mismos temas) será inolvidable, tal como lo aseguró el cotizado Felipe Prieto, quien dijo que “es primera vez que estamos en un recinto penitenciario realizando un show. Tiene un sabor diferente por el ambiente que se vive. Es mucho más eufórico que un recital común y corriente, ya que ellas deben disfrutarlo mucho más que una persona que hace una vida común y corriente”.
Mientras que otro de los miembros, Juan Carlos Sáez, señala que “nunca pensamos que las reclusas nos iban a entregar tanto cariño. Nos vamos súper contentos y esperamos volver a realizar un nuevo show. Además las chiquillas se portaron bastante bien y nunca tuvimos temor”
La histórica presentación culmina con un cóctel y tras eso “Los Charros de Lumaco” emprenden su retirada agradecidos de una experiencia inolvidable. Un par de horas más tarde tocan en San Javier y al otro día deben presentarse en Puerto Montt. La agenda está copada durante los próximos meses y deben aprovechar sus quince minutos de fama a concho.




RECUADRO 1

El drama del encierro


Juana Isabel Rojas se encuentra cumpliendo una condena de 10 años por el delito de robo con violencia. Es reincidente y a juzgar por su rostro se nota que la vida no la ha tratado bien. Reconoce que su comportamiento no ha sido el adecuado ni fuera ni dentro de la cárcel, pero asegura que con el pasar de los años es otra.
“Reconozco que antes era bastante agresiva, me andaba cortando, me hacía daño. Ahora estoy más tranquila y sé que tengo que comportarme. Además, la relación entre nosotros es buena actualmente, ya que antes habían grupos y se formaban motines”.
Mientras que Alejandra Álvarez, quien debe cumplir una pena de 5 años y un día por el delito de cómplice de quebrantamiento de firmas, señaló que su drama ha sido más fácil sobrellevarlo, ya que gendarmería le ha dado todas las facilidades para estar con su hijo que recién tiene un año y tres meses.
“Oportunidades como ésta me dan más ganas de luchar, pensar diferente y salir adelante. Ahora sólo quiero portarme bien y obedecer lar órdenes de las guardias, puesto que nos han dado todas las facilidades para cambiar. Acá realmente la reclusa que quiere ser una mejor persona lo puede conseguir”, aseguró Álvarez.
Otra encarcelada que puede compartir con su pequeña hija es Miriam Clavería, quien también cumple una pena de cinco años y un día por el delito de robo con violencia. “Es triste estar así con mi hija, porque ella no tiene la culpa de lo que hice, tiene apenas un año y cinco meses. Además, tuve un beneficio y lo quebranté y no puedo postular de nuevo. Situación de la cual me arrepiento, ya que de otra forma hubiese tenido a mi bebé en la calle y de una forma normal”, se lamenta la interna.




RECUADRO 2

“Fue histórico”

Para la jefa de unidad del penal, la capitán Kenny Núñez, se trató de un hecho histórico, “ya que nunca se había realizado un evento de estas características en la región. Las internas se portaron súper bien y esperamos repetir estas instancias, puesto que nos une más con la sociedad. Ahora vamos a tratar de ver qué grupo traeremos”.
Además, dijo que con eventos de este tipo “los índices de agresividad han bajado. Acá encerradas están constantemente gritando, peleando, en los veranos les da por cortarse y en invierno vienen las depresiones”, aseguró. Aunque de todas formas recalcó que ya no hay grupos ni grandes líderes porque los disolvieron hace algunos meses.
La intención de repetir este tipo de acciones encontró el apoyo en el seremi de Justicia, Daniel Vergara, quien afirmó que “estamos abiertos a que organizaciones, como agrupaciones culturales o grupos musicales, que quieran realizar actividades con los internos en las diferentes unidades penales de la región se acerquen, ya que nosotros queremos que los reclusos puedan tener momentos de alegría y que compartan sanamente”.